El blog de Paloma García-Pelayo

Antonio David el Nefasto

Antonio David Flores
Ver Galería
Antonio David Flores en una imagen de archivo / Gtres

El 2017 fue hasta ahora, probablemente, el peor año en la vida de Antonio David Flores y creo no equivocarme si digo que el 2018 será aún peor. Malagueño de 41 años, saltó a la fama al ennoviar con Rocío Carrasco en un verano chipionero recién estrenado los noventa. El universo de Flores se expandió de manera estelar desde el momento en que la prensa conoció que rondaba a la hija de dos grandes, la artista Rocío Jurado y el campeón de boxeo, Pedro Carrasco. Un pedigrí de popularidad que aquel joven Guardia Civil hizo suyo cuando el romance de verano se convirtió en noviazgo formal. A la familia de ella, él le gustaba bien poco, pero la niña Rocío tenía un carácter de armas tomar, se enamoró y en cuanto cumplió 18 años se marchó con el entonces miembro de la Benemérita a su destino profesional en Argentona (Barcelona).

Rocío madre lloró lo que no está escrito y rogó desesperada a su hija que no se marchara. Era muy joven y ese chico y esa aventura, una locura. La relación madre-hija era tensa en esos años adolescentes de Rociíto, como todos la llamábamos. La Jurado había pasado mucho tiempo lejos de ella por sus continuos viajes de trabajo y la hija se cobró esas ausencias con reproches, rebeldía y un portazo anunciado: en cuanto fuera mayor de edad se iría de casa y así lo hizo. Su destino con Antonio -así le llamaban en su casa- no sé si escrito o no, pero resultó ser un completo desastre. Embarazada de casi 3 meses, Rocío Carrasco se casó en la ermita de la finca Yerbabuena, vestida de encaje blanco, con extensiones de cabello y lentillas de color azul – ¿era ella?-, con un exultante Antonio David el 31 de marzo de 1996. Asistí a aquella celebración en la Yerbabuena, en la que Ortega Cano, dueño de la finca, estuvo tan a gustito, y que la madre de la novia preparó por todo lo alto sin saber que el futuro de su hija con aquel hombre estallaría en mil pedazos tan solo 2 años después. Llegó en una calesa del siglo XVIII acompañada de su padre y padrino, pero ni el olivo ni el azahar que perfumaban la ermita, ni las alianzas en tres oros, diseñadas por la novia, o las emotivas palabras que les dedico Jesús Haro, el mismo sacerdote que había casado a su madre con Ortega un año antes en el mismo lugar, pudieron evitar el fracaso de la joven pareja.

ANTONIO DAVID FLORES Y ROCIO CARRASCO
Rocío Jurado, junto a su hija Rocío Carrasco, Antonio David Flores y el hijo pequeño de ambos en 1998 / Gtres

Parecían enamorados y la llegada del bebé llenó de alegría a la familia. Rocío, instalada en Argentona, había dejado sus estudios y se dedicó a su marido y su hija, a quien bautizó con su nombre y el de su madre. Antonio David servía a la Guardia Civil hasta que 4 meses antes de que la pequeña Rocío cumpliese un año, fue condenado por la Audiencia Provincial de Barcelona a seis meses de prisión y a otros seis de suspensión para cargo público, por un delito de malversación de caudales públicos al apropiarse, junto a otro compañero, de las 50.000 pesetas de una supuesta multa impuesta a un ciudadano francés por una infracción de tráfico, en junio de 1997. Rocío Carrasco le acompañó al Palacio de Justicia de Barcelona el día en el que le notificaron la sentencia condenatoria. Aquella mañana del 10 de junio de aquel año, sería la primera y la última que acudirían juntos a un tribunal. Dos años después, el matrimonio se separaba tras una difícil etapa de convivencia, plagada de discusiones, llantos y de más de una noche de dormir bajo techos diferentes. Lejos de que la separación acabara con los problemas del matrimonio, los agravó al máximo. Las citas en los tribunales se sucedieron sin cesar, pero ya enfrentados para siempre. Los medios han dado buena cuenta de ello.

Dejaron de hablarse nada más separarse, hace ya más de 17 años, pese a tener dos hijos en común, y sólo se comunican a través de sus abogados. Cuánto más lejos, mejor, pero lo cierto es que el continuo enfrentamiento, por un lado mediático y por otro judicial, les encadena paradójicamente desde entonces; un peligroso bucle que concluye hoy con dos procedimientos penales que sientan en el banquillo al ínclito Flores, acusado de maltrato psicológico e insolvencia punible por parte de su ex mujer.  Pendiente de juicio en este último procedimiento (alzamiento de bienes e insolvencia punible, que deriva del impago de pensión alimenticia desde el año de la ruptura), la instrucción en el caso de Violencia de Género ha concluido y con el informe de las periciales del medico forense sobre la mesa de la titular del juzgado número 1 de Alcobendas, Antonio David aguarda la noticia que le sentaría, muy probablemente, también en el banquillo por presunto maltrato psicológico a su ex mujer. Su horizonte penitenciario es en este inicio de año más negro que nunca, y él lo sabe.

ROCIO JURADO
Rocío Jurado en la boda de su hija Rocío Carrasco con Antonio David Flores en 1996 / Gtres

Hoy, a la espera del auto en el que la juez dibuje el futuro inmediato del ex guardia civil, me vienen a la memoria aquellas palabras que Rocío Jurado le dedicó en el año 2000 a su entonces yerno en el programa del canal 13 de la televisión argentina ‘Hola, Susana’, cuando explicaba la separación y dijo que su hija se quedó muy mal, que Antonio David le había hecho la vida imposible, “Y hoy día se la sigue haciendo”, añadía, para concluir: “Fue una persona nefasta y afectó a la vida de toda la familia, en la que nunca se integró”.  Me temo que el horizonte, sí, es negro y también, como diría la Jurado, nefasto.

Últimas noticias