Tras el divorcio de Marina Danko

La ‘perdición’ venezolana que dinamitó la familia Palomo Danko

El torero Sebastián Palomo Linares con Lilia y su hija, Marta Domínguez /Gtres
El torero Sebastián Palomo Linares con Lilia y su hija, Marta Domínguez /Gtres

La muerte de Sebastián Palomo Linares ha puesto de manifiesto las fisuras familiares. Tras más de 35 años de estabilidad y equilibrio, el torero y Marina Danko rompían su matrimonio dando lugar a un enfrentamiento público al que no tardaron en sumarse sus tres hijos. El giro telenovelesco de la historia llegó con la irrupción de dos venezolanas, madre e hija, que estrecharon lazos con Sebastián y su hijo Miguel respectivamente dejando dos claros bandos en esta guerra sin cuartel: por un lado padre e hijo con las dos mujeres venezolanas y, por el otro, Marina Danko y sus hijos Sebastián y Andrés, que sumaron sus fuerzas a las de Marta González, mujer de Miguel, que se convirtió en la aliada perfecta tras su divorcio.

Marina Danko y Palomo Linares
Marina Danko y Palomo Linares en una imagen de archivo / GTRES

Una de las ausencias más comentadas en el funeral de Palomo Linares fue precisamente la de Marina, que se decantó por no acudir y prefirió mandar flores para despedirse de ese hombre que un día lo fue todo para ella. Sí acudió, sin embargo, su exnuera, Marta González, quien, a pesar de haber vivido una traumática separación con Miguel Palomo Danko, quiso arropar a su otrora familia política. La periodista dio el pésame a su ex y se despidió de su suegro sin poder evitar los recuerdos. Unos recuerdos protagonizados por dos mujeres venezolanas que un día se cruzaron en el camino de Palomo Linares y Palomo Danko zarandeando la estabilidad de una familia que ya siempre quedó rota.

Marta González
Marta González en el tanatorio por Palomo Linares / GTRES

“Es difícil expresarse cuando se unen tantos sentimientos. La vida no es un camino de rosas y no venimos preparados para muchas situaciones que nos depara el camino, pero sí podemos elegir con qué momentos quedarnos de lo vivido. En mi caso, guardo todos los buenos momentos vividos en El Palomar junto a una familia que, durante diez años, también fue la mía y con la que hoy comparto el dolor”, escribía Marta a las pocas horas de fallecer su exsuegro, Palomo Linares. Sus palabras, aplaudidas por todos sus seguidores, denotaban que la hija de Dámaso González ha pasado página y, pese a su tortuoso divorcio, prefiere mantener la cordialidad con su ex. Atrás quedan aquellas declaraciones incendiarias sobre su ruptura que se convirtieron en únicas tras la firma de un acuerdo de confidencialidad que obligaba a Marta a guardar silencio. “Tras la separación matrimonial de los padres de Miguel todo cambió. Las compañías cambiaron radicalmente. Empezamos a vivir en un ambiente que nada tiene que ver con mis principios y valores. Una forma de vida ostentosa. Fue el peor año de mi vida. Sentí que no era mi lugar y me alejé de esa forma de vida. Él decidió quedarse en ese nuevo entorno”, dijo la periodista a una conocida publicación.

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Aunque sin nombrarlas, Marta se refería a Lilia y Jimena López. Lilia había iniciado una estrecha relación con su suegro y Jimena, con su ya exmarido, Miguel. Pero las relaciones entre los Palomo Danko y las dos mujeres no eran solo personales, sino también profesionales. El hijo de Lilia, Alejandro Betancourt, fruto de su primer matrimonio, hizo de Miguel su bróker personal en la que se convirtió en la primera transacción económica de éxito en nuestro país por parte de este millonario venezolano. Alejandro compró la finca del hoy preso Gerardo Díaz Ferrán ubicada en Santa Cruz de Retamar (Toledo) por un valor cercano a los 23 millones de euros. Con casi 1.400 hectáreas, la compra de El Castillo de El Alamín no estuvo exenta de polémica, no solo por su propietario, sino porque fue investigada por la UDEF por un posible delito de blanqueo en su transacción.

La ‘perdición’ venezolana que dinamitó la familia Palomo Danko
Miguel Palomo Danko y su pareja Carla Sánchez Zurdo durante el funeral de Sebastián Palomo Linares / GTRES

Miguel Palomo Danko cobró por gestionar esta compra casi un millón de euros y, desde entonces, se convirtió en uno de los hombres de confianza de Betancourt, a quien en Venezuela llaman ‘bolichico’. Según publica la prensa del país presidido por Nicolás Maduro, el hijo de Lilia López está en el punto de mira por ser uno de los millonarios que amasó su fortuna gracias a las adjudicaciones que el gobierno bolivariano repartió al sector eléctrico entre 2009 y 2011 y que siempre levantó sospechas. Se abrieron algunas causas contra él en la corte de Estados Unidos, pero lo cierto es que el tribunal de Nueva York desestimó las acusaciones y Betancourt ha seguido aumentando su patrimonio también en España.

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Testigo de la compra de El Alamín y de cómo Miguel se introdujo en la jet venezolana afincada en nuestro país fue Marta González que, sin embargo, siempre guardó silencio al respecto. Un acuerdo de confidencialidad así lo requería. “González acordaba no desvelar dato alguno relacionado con los negocios y relaciones mercantiles que tengan que ver con sociedades de las que Palomo Danko fuera o sea socio. Un segundo punto de esta cláusula de confidencialidad apunta a no difundir manifestación alguna en redes y medios de comunicación relativo a la vida personal y profesional de Alejandro Betancourt, Lilia López y Jimena Guzmán de Frutos”, explicaba el diario ‘El Mundo’ en 2013.

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Fiel a lo que firmó, Marta siempre ha guardado silencio y cuatro años después tampoco ha revelado detalle alguno de aquella ruptura a la que le siguió una denuncia por amenazas y coacciones. La hija de Dámaso González ni siquiera quebrantó sus principios este lunes cuando su encuentro con su ex la dejó al borde del llanto. Según publica Vanitatis, Miguel la echó del tanatorio y la impidió velar a su padre. Ni siquiera en esa tesitura Marta estalló. Está claro que Marta vale más por lo que calla que por lo que cuenta.

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