Cumple 60 años

Antonia Dell Atte, de musa de Armani a estilista VIP

Antonia Dell’Atte, de musa de Armani al perdón necesario

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Antonia Dell Atte cumple 60 y sigue siendo una mujer de belleza y temperamento. Hija de una familia humilde de la ciudad italiana de Ostuni, Brindisi (Italia), cautivó al diseñador Giorgio Armani a quien llamó la atención su tez blanquísima, sus ojos aguamarina y, sobre todo, su corte de pelo. En los ochenta triunfaban las melenas largas y voluminosas, tipo Farrah Fawcett- Majors en los Ángeles de Charlie; Antonia, a contracorriente, tomó la decisión de cortarse el pelo a lo garçón. Fue verla en una fiesta y quererla: Dell’Atte se convirtió en 1984 en musa de Armani y protagonizó sus campañas publicitarias durante tres temporadas seguidas entre los años 1984 y 1987.  Aquella joven de ojos azules y 1,80 de estatura rompía moldes del canon clásico de belleza y su corte de pelo, algo masculino, rostro anguloso, nariz prominente y cejas anchas, le daban un aire muy diferente, igualmente femenino y con carácter.

El destino de la modelo cambió cuando conoció a un joven atractivo y seductor, hijo de conde y de muy buena planta: Alessandro Lecquio, hijo de Clemente Lecquio di Assaba y de su segunda esposa, la princesa Alessandra Torlonia di Civitella-Cesi, y nieto de la infanta Beatriz de Borbón. Fue en junio de 1986 y pasaba unos días invitado en casa de una amiga en Portofino. Al abrir la puerta de uno de los cuartos de baño la vio sumergida en la bañera. Le pareció la mujer más guapa del mundo. El fortuito encuentro quedó en el recuerdo de ambos hasta que el junio siguiente se volvieron a ver en Milán.

El conde y la modelo se enamoraron, iban en serio y querían casarse, pero la familia de Alessandro no vio con buenos ojos la unión. Fue sobre todo su madre, Sandra Torlonia, quien le afeó más la elección a su hijo: le gustaba Antonia por su carácter y personalidad, pero no aprobaba su origen humilde, sus modales del sur y que no tuviera apellido. Lecquio insistió y se casó en octubre de ese mismo año 1987; su madre no asistió a la ceremonia que se celebró en el Ayuntamiento de Milán. Ella llevó un vestido de color verde, con rosas rojas bordadas, diseñado por su amigo Andrea Odicini. Ya estaba embarazada y dejó la pasarela para esperar el nacimiento de su hijo Clemente que llegó al mundo 6 meses después. Se entregó de lleno a la crianza del pequeño y poco después, la dirección de Actividades Internacionales de Fiat, firma en la que trabajaba Alessandro tras abandonar la Fiamme de Oro, el cuerpo élite del grupo deportivo de la Policía italiana donde sirvió al terminar sus estudios de Historia en la Universidad de Turín, lo destinó a Varsovia. El matrimonio comenzó a tener problemas de convivencia y enseguida llegó un nuevo traslado: esta vez, a Madrid.

Cuando Antonia conoció a Ana Obregón en un rodaje en Roma, nuca pensó que años después sería parte de su pesadilla en Madrid. El matrimonio se instaló en la capital en 1990, donde Lecquio llegaba como adjunto del presidente de la Fiat. Comenzaron a hacer vida social y en una fiesta que la firma Chanel organizó en la plaza de Las Ventas volvieron a encontrarse con Ana. La actriz y el italiano comenzaron un romance que dinamitó la vida de los Lecquio Dell’Atte. En aquellos años, Ana Obregón era protagonista de la crónica social y poco tardó en filtrarse el ‘affaire’. El triángulo acaparó durante años la atención de los medios y su punto álgido fue la intervención de Dell’ Atte en el programa la Maquina de la Verdad, donde desenmascaró la infidelidad de su marido y su total enfrentamiento con Obregón. La bella Antonia ganó entonces popularidad en España y su arrolladora personalidad cautivó a la audiencia en los programas de televisión en los que empieza aparecer, como ¿Qué apostamos?, junto a Ramón García, mientras libraba una batalla en los tribunales contra su exmarido a quien acusaba de no hacerse cargo de sus obligaciones como padre.

En el año 2000 vuelve a ser imagen de Armani en una muestra que los museos Guggenheim organizan en honor al diseñador italiano, pero ya nunca vuelve a las pasarelas.  Seis años después participa en Supermodelos, junto a Judit Mascó. Una afección en los ojos la retira por un tiempo de los medios, periodo en el que ella misma explicó después cambian muchas cosas en su vida. Cuenta que aprendió a perdonar “y no porque lo merecieran sino porque deseaba sobre todo vivir en paz”. Necesitaba perdonar y dejar atrás los terribles momentos que vivió sola en un país extranjero. Ha sido siempre una mujer luchadora que, desde bien joven, ayudó a su madre a mantener a sus cinco hermanos, todos abandonados por su padre. De la necesidad a las pasarelas y el lujo, del anonimato a la fama. Ha criado sola a su hijo Clemente y está muy orgullosa de ello.

En 2014 reaparece en los medios y se dedica al estilismo en reportajes VIP. Después de todo lo pasado, Antonia Dell Atte abrazó delante de las cámaras a Ana Obregón, la mujer con la que su marido le fue infiel, en la edición celebrity del concurso televisivo MasterChef de 2018. La actriz vive duros momentos con la enfermedad de su hijo Alejandro. La que fue musa de Armani cumple sesenta años en paz consigo misma. ¡Muchas felicidades, Antonia!

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