Prueba Audi Q7 3.0 TDI Sport Line 218 CV

Un SUV muy familiar

Audi Q7 3.0 TDI Sport Line 218 CV
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Audi Q7 3.0 TDI Sport Line 218 CV

La segunda generación del Audi Q7 ha buscado en las familias numerosas a su gran aliado, ha descartado complicarse desarrollando las capacidades de los SUV más camperos y se ha convertido en el familiar que todos querríamos tener.

La moda de los SUV está intentando hacer honor a esas siglas (Sport Utility Vehicle) alejándose cada vez más de las capacidades off-road que parecía que no podían faltar en estos coches y orientándose más hacia modelos prácticos, cómodos y muy, muy útiles. Además, en el caso del Audi Q7 hay que añadir a todo esto un mimado diseño exterior y un soberbio interior que combina la calidad de los materiales elegidos para su acabado y una ergonomía cien por cien usable.

A primera vista notamos que su altura libre al suelo no es la de un coche con el que meterse en zonas complicadas, ni siquiera bordillos muy altos, se trata de un coche grande, pero sus líneas ahora son menos corpulentas, se han tornado mucho más estilizadas. Pero es cuando entramos en su interior cuando nos damos cuenta de que se trata de un coche que a nadie puede dejar indiferente.

Su diseño, la calidad de materiales, su puesta en escena son espectaculares, ya sea a plena luz del día, ya sea en la oscuridad de la noche el interior del Audi Q7 es llamativo por su cuidada elegancia, por la distribución de los elementos del salpicadero, por la estructuración de los espacios y por el ambiente general que se respira ya sea en las plazas delanteras, como en las traseras. La versión probada incorporaba un inmenso techo de cristal ahumado que hacía más espectacular si cabe su presentación.

Hay que detallar que esta versión a la que hemos tenido acceso venía equipada con 7 plazas, las de la tercera fila pueden desplegarse automáticamente a través de unos botones en el maletero y cuando permanecen ocultas quedan perfectamente enrasadas con el suelo del maletero. Como en todos los vehículos que incluyen esta tercera fila el cofre no es muy grande en la configuración de 5 plazas y mucho menos con 7 ocupantes, pero hay que recordar que no son las de la tercera fila plazas para largos viajes.

El puesto de conducción tiene algún pero, pero sólo para los más altos, estas personas echarán un poco en falta algo más de columna de dirección tanto en profundidad como en altura. De la misma manera que los ajustes del asiento, irreprochables en general, se quedan algo cortos para estas personas grandes. Se echa en falta que el asiento del conductor baje más y que la banqueta oscile para encontrar una posición más de berlina. Al entrar en un Q7 nos gustaría encontrarnos con los asientos del A8.

Una vez en marcha, lo primero que llama poderosamente la atención es el silencio, la poquísima transmisión al interior del coche de los sonidos del motor. Un interior muy bien aislado que envuelve al usuario en un ambiente exclusivo de comodidad y de facilidad de uso, a pesar de que en una primera impresión, la cantidad de información que llega al conductor pueda parecer demasiada.

Cualquier persona será capaz de manejarse dentro de este Q7 con bastante facilidad ya que la usabilidad de los múltiples botones del coche está muy bien resuelta. Tan solo entraremos en territorios complicados cuando intentemos rizar el rizo conectando dos móviles a la vez o varias fuentes de audio, por cable y bluetooth…. Será en estas circunstancias donde podríamos buscar el tan añorado “plug & play” de otros modelos.

El nuevo Q7 se ha visto aligerado en unos cientos de kilos (350) con respecto al anterior modelo y esto es algo que vamos a notar desde que empezamos a rodar, como coche familiar que es en Audi no han escatimado comodidad, los varios modos de conducción que permite el coche nos empujarán a la configuración más dinámica para cuando no queramos caer en comportamientos demasiado “blanditos”, aún así, se trata de un coche donde prima la comodidad por encima de cualquier exceso deportivo, que no tiene mucho sentido en este tipo de vehículos.

La versión probada es la TDI de 218 caballos de potencia, un motor suficiente para no echar en falta fuerza en las ruedas en ningún momento. Es un motor que empuja con solvencia en cualquier circunstancia y su elección no debe preocupar a quienes creen que “sólo” 218 caballos de potencia no son los suficientes. Además, los consumos son una coartada lo suficientemente importante como para inclinarse por esta versión.

Conclusión

El Audi Q7, en esta versión con el motor diesel menos potente es una excelente opción para familias con niños, que necesiten un coche de buenas dimensiones, que no renuncien a un altísimo nivel de calidad y que no estén dispuestos a dejarse demasiado dinero en las gasolineras.

Comodidad a raudales, seguridad de marcha, presencia, representación y más que suficientes prestaciones son muchos argumentos para tener el Audi Q7 como una opción excelente para cubrir las necesidades de una gran familia. Eso sí, el precio base de esta versión ronda los 70.000 euros.

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