¿Renuncia sorpresa o estudiada cortina de humo?

La Reina sabía que perdía a su nieto

Ha estallado el Meghxit y la abuela del príncipe Harry lo sabía. Solo era cuestión de tiempo

“No es que yo esté paranoico, es solo que no quiero que el pasado se repita”. Lo dijo alto y claro cuando expresó su temor a que la presión mediática acabara con su mujer, Meghan Markle, y les destrozara la vida a ambos. Fue en octubre, poco más de un año después de su boda con la actriz norteamericana, cuando el duque de Sussex anunció en un comunicado que su esposa había emprendido acciones legales contra ‘The Mail on Sunday’, el tabloide británico que publicó una carta privada que escribió a su padre. La feliz pareja, que con su compromiso rompió moldes en la monarquía británica, tenía problemas y serios. Meghan Markle, actriz por vocación, lo dejó todo para convertirse en la mujer de Harry de Inglaterra, ser Alteza Real y duquesa de Sussex. Año y medio después da un paso atrás y se va. No encaja, no lo soporta y quiere volver a casa. Lo dejó todo por él y ahora es el príncipe quien se va con ella. No quiere perderla y renuncia. Ha estallado el Meghxit y la reina Isabel II lo sabía. Solo era cuestión de tiempo.

“Perdí a mi madre y ahora veo a mi esposa ser víctima de las mismas fuerzas poderosas”, se lamentaba el hijo menor del príncipe Carlos y la desaparecida Diana Spencer. No creo que la razón esté solo de su lado. Cierto es el interés mediático que despierta la pareja, pero la prensa no puede ser culpable de todos sus males. Primero, porque Lady Di murió por el exceso de velocidad y la conducción temeraria del chófer que manejaba ebrio el Mercedes que se estrelló mortalmente en el parisino puente de Alma en agosto de 1997; y segundo, porque en el caso de Meghan, quién filtró la demoledora carta fue su propio padre, Thomas Markle.

Reina Isabel
Meghan Markle y la reina Isabel en un evento en junio de 2018 / Gtres

Aun así, el miedo no solo es libre, sino que muy respetable y el del príncipe Harry también. Su anuncio de abandonar gradualmente sus obligaciones en la Familia Real británica, dividir el tiempo entre Canadá y Reino Unido e independizarse económicamente ha sido, sin duda, una de las noticias de la semana. Sin embargo, hay quienes piensan que, de sorpresa, nada. Esto no es una boutade de Harry. Todo estaba previsto y la Reina conocía las intenciones del matrimonio. La relación especial entre abuela y nieto, el benjamín de su hijo Carlos, ha permitido al príncipe contar con el apoyo de la Soberana en todo momento. Meghan acudió en octubre de 2017 a Buckingham para conocer a la Reina Isabel. Aquel té en Palacio supuso el inicio de una total inmersión en la Familia que continuó en Sandringham cuando asistió a la tradicional Misa familiar de Navidad, 5 meses antes de casarse con Harry. Poco más de tres semanas después de la boda, Meghan subía de manera excepcional al Royal Train de la mano de la Reina, mucho antes de que lo hiciera Kate Middelton, la esposa de William. Con todas estas excepciones, la abuela Reina allanaba el camino a su nieto. Sabía las dificultades a las que se enfrentaba la bella Meghan. Todos en la familia ayudaron; su hermano William, su mejor partner y Kate se sumó a la bienvenida. El resto debía hacerlo ella.

Tras su mediática boda, el matrimonio comenzó su vida en Kensington y juntos trazaron su propia hoja de ruta, siempre supervisada por Palacio. El primer paso a un lado no tardó en llegar: tras el compromiso oficial en 2017 se anunció que Markle se sumaría a la benéfica Royal Fundation, creada por William y Harry en 2009 y a la que se había incorporado Kate Middleton en su momento. Sin embargo, poco después de la boda, en mayo de 2018, Kensington comunicaba que los duques de Sussex abandonaban la fundación y trabajarían en otros proyectos benéficos. Los 4 magníficos (‘The fab four’) se separaban en duetos. Casi a la par, los problemas con la familia americana Markle crecían. Las continuas declaraciones del padre y de la hermana mayor, con quien Meghan apenas convivió, no ayudaban nada; todo lo contrario. El nacimiento de Archie en junio le devolvió la sonrisa, pero la inseguridad y las dificultades llegaron de nuevo en el postparto. Meghan estalló. Y no, no lo hizo en privado, sino delante de una cámara y confesando su agobio y enfado al periodista Tom Bardby de ITV, durante la gira por África que emprendieron con su bebé a finales de septiembre. Con la voz entrecortada, confesaba que sabía que iba a ser difícil, pero que esperaba que, al menos, hubiese sido justo. Harry, a su lado, también habló. Apoyo total. La reina lo sabía. Meghan estaba desbordada, pero otra cosa era contarlo en público. Perdía a su nieto.

Meghan Markle
Meghan Markle y el príncipe Harry en el 70 cumpleaños del príncipe Carlos / Gtres

Los Sussex ya habían dado otros pasos hacia su independencia. El diario ‘The Sun’ publicaba esta semana que el pasado 21 de junio, la pareja solicitaba los derechos de marca y autor en la Oficina de la Propiedad Intelectual de Reino Unido de Sussex Royal.com. No han engañado a nadie. Ya planeaban independizarse. No hay precedentes de renuncia voluntaria, pero la decisión de los Sussex no pilla de sorpresa en Buckingham. “Está todo pactado. No es una pataleta, sino que casa con la nueva y moderna línea de comunicación de Buckingham Palace”, me explica Marina Fernández, experta en Protocolo. La nueva estrategia de Comunicación diseñada por el príncipe Carlos pasa por aglutinar la Familia Real en la Reina, el Príncipe de Gales y su heredero, el príncipe William, según Fernández. “La decisión no es dramática de ninguna manera. Es una puerta de salida a Harry y Meghan”. Completamente de acuerdo con la experta, creo que, quizá, lo que no han manejado bien han sido los tiempos y ese comunicado de los Sussex vía red social precipitó el llamado ‘Meghxit’.

La Reina convocó el miércoles a su hijo Carlos y los príncipes William y Harry a una cumbre familiar en Sandringham. Expectación máxima. El ‘Meghxit’ copa titulares y ella, ya en Canadá. Esa misma tarde, Isabel II comunicaba oficialmente su total apoyo a la decisión de su nieto. Habrá que ver el cómo; se abre un periodo de transición, pero cero sorpresa.

Los Sussex desaparecieron del presente de la Reina y del futuro de la Casa en octubre, a la vuelta del viaje a África. La primera pista, el día 22: audiencia a la alta comisionada de Granada, Kisha Alexander-Grant. La fotografía de Harry y Meghan, que sí pudimos ver cuando recibió al presidente Boris Jonhson, ya no estaba. Fuera. La Reina la quitó. El gesto se confirmaba en diciembre: salón verde de Windsor. Todo minuciosamente preparado para el discurso de Navidad de la Soberana. Una cuidada selección de fotografías, sobre la mesa: su hijo Carlos, príncipe de Gales, y su mujer; su nieto William junto a Kate, duques de Cambridge; su marido, el príncipe Felipe de Edimburgo, y su padre, el rey Jorge VI. Pasado, presente y futuro. Ni rastro de Harry y Meghan. Nunca una ausencia fue tan significativa. Iban a desaparecer. Ella lo sabía. Que siga el ‘Meghxit’. Mientras hablan de los Sussex nadie habla de Andrés y el escándalo Epstein.

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