PRINCESA SIN TÍTULO

Jazmin Grace, la única Grimaldi en la sombra en el Día Nacional de Mónaco

La hija mayor de Alberto de Mónaco estuvo en las celebraciones del Día Nacional en un segundo plano, ajena a los flashes

Jazmin Grace, la única Grimaldi en la sombra en el Día Nacional de Mónaco
Jazmin Grace Grimaldi junto al príncipe Alberto en una imagen de archivo / Gtres

Es la mayor de los hijos de Alberto de Mónaco, pero nunca tendrá derecho al trono monegasco. A sus veintisiete años, Jazmin Grace se encuentra muy integrada en la vida de la familia Grimaldi, pero no posa en compañía del resto en jornadas tan señaladas como la de ayer, en la que se celebraba el Día Nacional de Mónaco.

Jazmin Grace, que se está labrando una carrera profesional como cantante, nunca suele faltar a las citas importantes del Principado, sin embargo, no la vemos en el balcón de palacio en jornadas como el Día Nacional de Mónaco. Ello se debe a que, a pesar de que el Príncipe la reconoció como su hija, al igual que a Alexandre, fruto de su relación con Nicole Coste, ninguno de los dos tiene derechos en la línea sucesora, tal como dicta el artículo 10 de la Constitución del país.

Sin embargo, desde el momento en que el actual soberano aceptó su responsabilidad como padre, el príncipe Alberto se comprometió a cubrir los gastos económicos de sus hijos, quienes, además, podrán reclamar su herencia en el momento que este fallezca.

No obstante, aunque Alexandre no es muy dado a viajar a Mónaco, Jazmin sí suele prodigarse en el Principado. De hecho, mientras todo el clan Grimaldi hacía acto de presencia en el balcón de palacio, incluidos los herederos legítimos, Jacques y Gabriella, Jazmin compartía en su perfil de Instagram algunas fotos antiguas de sus abuelos y su padre, así como una de ella en el interior del palacio con una bonita frase: «Feliz Día Nacional a mi padre, a la Familia Monegasca y a Mónaco!»

Con esta actitud queda claro que la hija mayor del Príncipe destaca cómo, a pesar de no poder aparecer en primer plano, se mantiene no solo fiel a la familia, sino en una discreta segunda fila desde la que observa como un testigo, sin celos ni rencores. Una actitud admirable para una mujer que, en otras circunstancias habría sido princesa y heredera legítima al trono de Mónaco.

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