Bodas de oro

Harald y Sonia de Noruega, 50 años del amor que se impuso a los deseos de un rey

Los reyes Harald y Sonia de Noruega
Los reyes Harald y Sonia de Noruega celebran sus bodas de oro / Gtres

Los reyes noruegos celebran este 29 de agosto sus bodas de oro

Para poder casarse tuvieron que esperar una década

Cumplir 50 años de matrimonio no es tarea fácil, pero si se toma como ejemplo a Harald y Sonia de Noruega puede parecer que sí lo es. Los reyes del país nórdico celebran este 29 de agosto sus bodas de oro con una misa en la Catedral de Oslo, la misma en la que se juraron amor eterno cuando apenas tenían 30 años.

La llegada hasta el altar no fue nada fácil para la pareja y es que les costó nada menos que diez años convencer al padre de Harald, el rey Olaf V, de que permitiera su boda. Convencer, sin embargo, podría no ser la palabra más adecuada y es que para que accediera a su petición el joven príncipe tuvo que imponerse y lanzar un ultimátum a su progenitor: “O me caso con Sonia Haraldsen o renuncio a mis derechos dinásticos”, dicen que espetó. Obviamente, el por entonces monarca noruego aceptó y la boda se produjo.

Harald y Sonia de Noruega
Harald y Sonia de Noruega el día de su boda / Gtres

Todo ello llegó después de una serie de maniobras por parte de Olaf con las que quería que su hijo olvidara a Sonia y es que a pesar de su risueña sonrisa creía que la plebeya hija de un comerciante que había conquistado a su hijo cuando apenas tenía 15 años no era digna de convertirse en la reina de Noruega.

Harald y Sonia de Noruega
A lo largo de este medio siglo han demostrado ser una pareja de lo más estable / Gtres

Para ello mandó a su hijo a estudiar a Oxford y, después, viendo que no había conocido a nadie especial le concertó varios encuentros con jóvenes de origen noble que sí pasaron su filtro, como la princesa Sofía de Grecia o la princesa Desirée de Suecia. Este intento tampoco surgió efecto y, finalmente, Olaf V terminó cediendo al amor de su hijo y permitiendo una boda que sentó precedentes.

Tanta lucha por hacer realidad su sueño de compartir la vida caló hondo en los reyes noruegos, pues cuando su hijo Harald les confesó que quería casarse con Mette-Marit, divorciada y madre de un hijo, no pusieron ningún impedimento y es que el amor no entiende de clases sociales.

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