Un año después

¿Qué fue del ‘compi-yogui’ de Letizia?

Letizia y su compi-yogui
Así ha evolucionado la amistad más 'compi-ýogui' (Fotomontaje LOOK)

Hace justo 365 días a la Reina Letizia se le atragantó el desayuno. Aficionada a leer la prensa cada mañana, el 8 de marzo de 2016 se encontró con que se habían filtrado a los medios de comunicación sus conversaciones privadas con Javier López Madrid, su amigo íntimo. El contenido de las mismas se publicó como consecuencia de las investigaciones que la Guardia Civil estaba llevando a cabo para esclarecer una denuncia interpuesta contra él por un presunto delito de acoso sexual, hoy archivado.

El empresario, imputado en el caso de las tarjetas ‘black’, recibía el apoyo de los Reyes de España en varios mensajes reproducidos por ‘Eldiario.es’ y para doña Letizia, que desde el día de la proclamación gozaba de una popularidad muy superior a la que tenía como Princesa de Asturias, se abrió su primer escándalo como reina de España.

¿Qué fue del ‘compi-yogui’ de Letizia?
Letizia en imagen de archivo (Gtres)

Doña Letizia había arropado a un amigo imputado -hoy condenado- pero es que además lo había hecho con los términos más inoportunos. “Compi-yogui”, llamó a López Madrid, al que también dijo: “Te escribí cuando salió el artículo de las tarjetas en la mierda de LOC y ya sabes lo que pienso, Javier. Sabemos quién eres, quiénes somos. Nos conocemos, nos queremos, nos respetamos… lo demás, merde”.

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Actualmente, un año después de aquel mensaje que muchos españoles se saben de memoria, se sabe rota la relación entre el empresario y su compañera ‘real’ de yoga. Tras el escándalo, previo pacto, López Madrid desapareció del mapa y se vio obligado a vivir en una especie de exilio muy conveniente para Zarzuela. De hecho, las relaciones entre palacio y él quedaron oficialmente rotas cuando se hizo pública su dimisión como patrono de la Fundación Princesa de Asturias.

Como consecuencia de los muchos escándalos en los que Javier estaba inmerso -a sus polémicos mensajes con los Reyes y su implicación en el caso de las tarjetas black había que sumar la denuncia por acoso interpuesta por la doctora Elisa Pinto-, el empresario optó por huir de España poco después. Concretamente, se instaló en Londres, donde logró escapar de la presión mediática que se ceñía sobre su figura desde hacía meses. Que en la capital británica iba a trabajar para la empresa Ferroglobe (filial de OHL, el gigante presidido por su suegro, Juan Miguel Villar Mir) era un secreto a voces que se hizo oficial el pasado 31 de diciembre cuando la compañía le nombró presidente ejecutivo.

Francisco Javier López Madrid
Francisco Javier López Madrid en imagen de archivo (Gtres)

Su nombramiento fue uno de las pocas noticias que trascendieron sobre él una vez se instaló en la ‘city’. Sin embargo, aún le quedaban cuentas abiertas con la justicia y hace solo unos días un juez fallaba que debía ser condenado a seis meses de prisión por un delito continuado de apropiación indebida.

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Dicha condena no ha dolido tanto como aquellos mensajes filtrados a la prensa. Las conversaciones captadas por la Guardia Civil entre él, Don Felipe y Doña Letizia se llevaban por delante años de sólida amistad. Fuentes de Zarzuela aseguran que el mazazo no solo fue para López Madrid. La famosa conversación de ‘compi-yogui’ fue también un duro varapalo para Letizia, a la que le afectó muchísimo que sus mensajes salieran en los periódicos. Aquello se vivió como una auténtica crisis dentro de palacio, pero mayor fue el disgusto de tener que romper relaciones con quien les había mostrado lealtad durante años. Él y su esposa, Silvia Villar Mir, fueron muy buenos amigos de los Reyes, pero el escándalo se llevó todo por delante.

Solo resistió al huracán ‘compi-yogui’ su propio matrimonio, el de López Madrid y Villar Mir. Superado el mal trago, Silvia se ha mantenido siempre al lado de Javier y fue su mejor apoyo. Asimismo, el resto de la familia también apostó por él como buen padre y buen marido. Juntos aguantaron toda la presión que llegaba de los medios, pero eligieron la discreción como principal arma. Para ellos parece que fue suficiente y hoy, alejados del escándalo, residen en Londres.

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