EN 'SALVADOS'

Mercedes Milá: “Para ofrecerme trabajo me han llamado todos menos Mediaset”

Mercedes Milá
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Mercedes Milá en 'Salvados'./ La Sexta

Mercedes Milá llegó a su entrevista con Évole con las pilas cargadas y las declaraciones en la punta de la lengua. Su primer gesto, nada más entrar en plano, fue regalar al presentador -catalán como ella- una rosa blanca arrancada de su propio jardín. Ella misma se encargaba de explicar que era blanca y no roja ni amarilla (con una clara referencia al proceso independentista que está viviendo Cataluña) en lo que fue su primera declaración de intenciones de una de sus noches más sinceras.

También consiguió la Milá que el programa le pagase como invitada, algo nada habitual para Évole que confirmó que lo había hecho después de que la periodista le explicase que no era un pago para ella sino una donación de 10.000 euros a la única ONG que protege y defiende los derechos de los inmigrantes que naufragan en el Mediterráneo.

Tal y como ha ocurrido en sus últimas entrevistas con Jesús Calleja o en ‘Sálvame Deluxe’, la que fuera la presentadora más querida de Gran Hermano habló sin tapujos sobre la depresión que durante varios años la alejó de su trabajo e incluso su propia vida. Confesó, Mercedes Milá, que hace apenas unos meses que tuvo otra crisis pero que parece que el tratamiento psiquiátrico que le han puesto ahora empieza a funcionar. Ella misma cuenta como la literatura y la meditación han sido sus tablas de salvación, hablando sin tapujos de cómo, cuando lo necesita, mantiene conversaciones con los muertos: “hablo con ellos todo el rato. Pase una época muy dura y aprendí a meditar y ahora hablo con Shakespeare, con mi padre…. Ellos no hablan, solamente escuchan y te dan fuerza, energía.”

Con los momentos más duros de su depresión superada, las ganas de Mercedes Milá por volver a la televisión formaron otro de los bloques más importantes de la entrevista donde, además, la periodista confesó que estuvo a punto de volver a Televisión Española pero que no lo hizo porque desde la cadena le pusieron pegas: “ellos dijeron esta chica es incontrolable y que era incomoda y peligrosa. Para mí es una medalla ser una persona que no se puede sujetar fácilmente. Pero se equivocan porque yo soy muy obediente fiel y respetuosa”.

Aunque tiene 67 años Milá no piensa arreglar los papeles de su jubilación por ahora y, aunque se siente feliz por la cantidad de ofertas profesionales que recibe para volver a la televisión, la periodista no pudo evitar lanzar una pullita al grupo que fue su casa durante los últimos años, asegurando que le han llamado de todas las cadenas menos de Mediaset.

Como periodista sin pelos en la lengua que es, Mercedes habló del procés catalán y culpó al Rey Felipe VI de no haber tenido un discurso apropiado cuando tras el referendum ilegal se dirigió a los españoles. Sin dejar la Familia Real, la presentadora confesó que durante toda su vida ha intentado entrevistar a Don Juan Carlos I y describió cómo, según su punto de vista, debería el actual Rey de España afrontar el trato con la sociedad española: “El rey Felipe VI necesitaría una entrevista en televisión. Tener delante un grupo de periodistas sin cortapisas, quitarse la corbata -que no se puede ser mas cursi-, dejarse el pelo más largo y hablar con naturalidad. Tiene que entender que esta hablando a un pueblo que esta en condiciones complicadas. Que sea valiente y si pierde su trono pues habrá llegado el momento.” El ya famosísimo ‘rifirrafe real’ también se puso sobre la mesa y, aunque Mercedes Milá aseguró que Doña Letizia le parece una mujer extraordinaria no dudó en criticar la falta de una disculpa por su parte.

Positiva, tajante y exhibicionista hasta rozar la extravagancia como siempre, la periodista aseguró haber descubierto el amor incondicional gracias a su perro llegando a asegurar que: “He tenido historias de amor maravillosas, pero nada comparable al lametazo de un perro”.

Además, y como regalo final para un entregado Jordi Évole que no podía más que admirar a su invitada, la hermana de Lorenzo Milá confesó cuán quería que fuese su epitafio: “Fue honrada y fiel”.

Una frase que, esperemos, tarde mucho en escribirse.

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